Envía un hechizo

Con las palabras enviamos hechizos

Imagina que cada persona cuando nace tiene un número máximo de palabras para pronunciar antes de morir. Por ejemplo, cada uno de nosotros venimos al mundo con 36.500.000 palabras que podemos pronunciar a lo largo de nuestra vida. Cuando pronunciemos la última, moriremos. Si voy a vivir 100 años, o lo que es lo mismo 36.500 días, tengo 1.000 palabras cada día. ¿Cómo utilizarías estas palabras? ¿Qué dirías?

Si un día gastaras 2.000 palabras en decir tonterías tendrías un día menos de vida. Así que elegirías muy bien las palabras que utilizarías cada día de tu vida. Tendrías cuidado con lo que dirías a los demás. Y supongo que todos procuraríamos decir cosas bellísimas.

Hugo Semoloni afirma que “con las palabras mandamos hechizos a los demás”, a nuestros padres, a nuestra pareja, a nuestros hijos o a nuestros amigos. Todo lo que les decimos los va a hechizar. Cuando hablamos nos convertimos en magos de nuestra propia vida y de la suya.

Somos lo que hablamos. Las palabras crean pensamiento; el pensamiento, emoción; la emoción, conducta; y la conducta es hábito. Y ya se ha demostrado que solo hacen falta 66 días para crear un hábito. Me toca hablarte. Mucho. Crear mi hábito. Te toca escuchar. También te toca hablar.

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¿Has ido contra el viento?

Hay canciones que inspiran calma, tranquilidad, sosiego, bienestar. Invitan a respirar profundo.

Hace unas semanas me he reencontrado con una de ellas. Y no me la puedo sacar la de cabeza. Sinceramente no recuerdo cuándo la escuché por primera vez. Ni siquiera creo que formara parte de mi memoria sonora. Pero al escucharla ahora se ha convertido en parte de mi ADN musical.

Es una metáfora sobre la fuerza que tenemos en la juventud, lo imparable que somos y cómo llega un momento en el que nos detenemos para mirarnos y darnos cuenta de hasta dónde hemos llegado. Vemos el camino recorrido, miramos el presente y tomamos conciencia de que pese a todo (responsabilidades, compromisos…) seguimos corriendo contra el viento.

“Parece que fue ayer
pero fue hace mucho tiempo
Janey era encantadora, era la reina de mis noches,
en esas noches en que sonaba bajo la radio;
con todos los secretos que compartimos,
y las montañas que movimos,
abrasándonos como un fuego salvaje, fuera de control,
hasta que ya no quedaba nada para quemar y nada que probar.
Y recuerdo lo que ella me dijo.
Cómo me juró que aquello nunca terminaría.
Yo recuerdo cómo me abrazaba tan fuerte.
Deseo no saber ahora lo que antes no sabía.

Contra el viento
Estuvimos corriendo contra el viento
Eramos fuertes y jóvenes
estábamos corriendo contra el viento. Sigue leyendo